La concentración en el examen se le desvaneció como agua entre los dedos al notar que se orinaba encima. De repente, a Paula se le dispararon las pulsaciones, la respiración se le aceleró y un sudor frío le embriago todo el cuerpo provocando que de forma eléctrica soltara el lápiz sobre el papel.
Miró a ambos lados para observar que nadie se hubiera percatado de lo ocurrido, y pudo comprobar con alivio que sus compañeros estaban conectados en la prueba. Aprovechó el momento para bajar su mano lentamente simulando que se rascaba la pierna para luego continuar con sumo cuidado hasta llevársela entre las piernas. Su rostro se expandió como una mancha al notar algo húmedo en sus dedos. Sacó la mano con el mismo cuidado que un cirujano posándola encima de sus piernas. Volvió a mirar a su alrededor. Todos seguían a lo suyo. Retiró su mirada del folio para enfocarla en sus manos. Descubrió con estupor su peor augurio, una marca roja en la punta de sus dedos. La imagen de su madre recordándole que fuera previsora por lo que pudiera pasar la envolvió haciéndola más pequeña. Le había ocurrido lo mismo que a ella a los doce años.
Como lo haría para marcharse a su casa. Las risas de los compañeros, los cometarios silenciosos. Qué vergüenza. Un par de preguntas quedaron en blanco al terminar el examen. Paula estaba en otro mundo. Retrasó el levantarse disimilando con manos temblorosas que fingía ordenar la mochila a la espera que se vaciara la clase. Pensó en decírselo al profesor, pero el pudor la atenazaba. Con la clase ya vacía. Exhaló aire para sentirse algo liberada antes de ponerse de pie, deseando no encontrase a mucha gente por el pasillo.
De repente, un compañero la sorprendió por la espalda plantándose delante suyo. La ofuscación le había llevado a olvidarse que en la fila de atrás había alguien más. El chico con la mirada puesta en otro parte preso de la vergüenza, no dudo en sacarse la camiseta quedando con el torso desnudo para acto seguido dejársela sobre la mesa.
—Tengo hermanas —respondió sin mirarla. Luego agarró su mochila y salió de clase sin mirar atrás.
Paula con la boca abierta por lo inesperado no dudó en agarrar la camiseta para atársela a cintura con el alivio de poder volver casa.

¡Qué momento intenso y duro! Muy atento el compañero. Me recordó que cuando estaba en la escuela primaria, a una compañera se le hizo un agujero en la parte trasera del pantalón y me pidió mi saco para atarse a la cintura.
Muy buen relato, Fran! Saludos!
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Ostras pobrecilla…Muchas gracias, Jazmín por leerlo 🙏🏼🙏🏼🙏🏼🙏🏼
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Extraordinario, Fran!
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Muchas gracias 😊 🙏🏼🙏🏼🙏🏼🙏🏼
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Un caballero de los de antes, que no necesita armadura para ser un gran hombre!
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Jejeje gracias,Hanna, por pasarte siempre 🙏🏼
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Me gustó tu enfoque! Qué final más tierno! Da gusto cuando encuentras a gente comprensiva, capaz de entender tu situación en vez de aumentar tu bochorno. 👏👏👏👏👏
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Muchísimas gracias 😊. Me alegra que te haya gustado 🙏🏼🙏🏼🙏🏼🙏🏼
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